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Para terminar con broche de oro el bellísimo tiempo de Navidad, la Sagrada Liturgia, nos ofrece hoy celebrar el Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán. Separado del contexto histórico del nacimiento del Niño Jesús, podría parecernos esta Solemnidad totalmente fuera del contexto Navideño y, en cierto sentido así lo es.
De hecho, de alguna manera, este mismo Domingo es ya el primero del tiempo Ordinario, dado que históricamente, con el Bautismo del Señor da inicio lo que se conoce como su vida o ministerio público: “Jesús comienza su itinerario por aldeas y caseríos predicando el Reino de Dios y confirmando su predicación con muchos milagros prodigios, que lo acreditaban como auténtico enviado de Dios.
Se considera este acontecimiento como parte del tiempo de Navidad por la Epifanía (manifestación) divina que lo reviste: Jesús al ser bautizado, mientras oraba, se abrió el cielo y en forma sensible, como una paloma, bajo el Espíritu Santo sobre Él y se dejó oír una voz del cielo que decía: “Tú eres mi hijo, el predilecto, en ti me complazco.”
Considerada esta una de las manifestaciones más hermosas de la Santísima Trinidad, por la tradición católica, certifica que más que un enviado o legado divino, Jesús es el Hijo de Dios Vivo, como le dijo el ángel Gabriel a la Santísima Virgen María: “por eso el santo que va a nacer será llamado Hijo del Altísimo.”
La filiación divina de Jesús, como lo confesamos en el Credo: “engendrado, no creado; nacido del Padre antes de todos los siglos.” Lo coloca en situación divina perfecta: “Dios de Dios; Luz de Luz; Dios verdadero de Dios verdadero.” Con esto quiero decir que por el hecho de haber sido engendrado por el Padre Dios, el Hijo de Dios no es de un grado inferior de divinidad, sino de la misma dignidad divina. Pero para que aprendamos de Jesucristo la virtud de la obediencia, siendo verdadero Dios, se hizo hombre, en el seno virginal de María Santísima, por obra y gracia del Espíritu Santo, para cumplir la voluntad de su Padre Dios.
Entonces porque los Papás mandan y los hijos obedecen, porque así es hasta en el cielo. Brincos diéramos si todos los hijos obedecieran a sus Papás como lo hace Jesús con el suyo, pero de santos nos viéramos si todos los Papás del mundo ejercieran su autoridad sobre sus hijos con el amor que el Padre Dios ama a su Hijo.
PARA TODOS
UN FELIZ AÑO NUEVO 2010 DONDE REINE LA PAZ EN CADA HOGAR |