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2° DOMINGO ORDINARIO Imprimir E-mail
Escrito por Modesto Mario   
09.01.2010
Algo importante para considerar al inicio del tiempo litúrgico ordinario, en el ciclo c, correspondiente a este año 2010, es que, aunque hoy escuchamos el Evangelio de San Juan, en los  domingos escucharemos lecturas del Evangelio según San Lucas. Tres son los aspectos a profundizar en este evangelista tomando en cuenta toda su obra: la misericordia divina manifestada en Jesús de Nazareth; la Eucaristía y la acción del Espíritu Santo en la vida de la comunidad eclesial.
Sería muy provechoso para nuestro crecimiento tener en cuenta durante este tiempo estos tres aspectos que nos pueden enriquecer mucho.

En este domingo, concretamente, vemos el famoso relato de las bodas de Caná de Galilea, tan común en las celebraciones de matrimonio. Son muchas las líneas a considerar: Jesús está en una fiesta familiar, su Mamá y sus amigos se encuentran presentes; la atención peculiar de la Santísima Virgen al problema emergente; la sencillez de María para informarle a Jesús de la carencia de vino; la respuesta nada sutil de Jesús: “Todavía no llega mi hora”; el segundo esfuerzo de María: “Hagan lo que Él les diga” y el milagro y sus efectos (de fe, por supuesto…., porque seiscientos litros, insisto, 600 litros de un exquisito vino mediterráneo, debió causar un desbordante regocijo en los novios y todos los invitados, incluidos los Apóstoles).

San Juan se esmera en apuntar, al final de la narración del pasaje que escuchamos que este fue el primer milagro; que así manifestó su gloria y que sus discípulos creyeron en Él.

Por lo tanto, en lo cotidiano, en lo más normal de la vida familiar, en lo humano, Dios manifiesta su gloria, su portentosa presencia, su omnipotencia para tornar el conflicto en asunto terminado; la situación de angustia en motivo de júbilo, etc. etc.


Hermanos, si unimos está reflexión con lo que el Apóstol San Pablo nos transmite en este pasaje de su Primera Carta a los Corintios, que: “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Entonces por qué no caemos en la cuenta de que Dios se manifiesta en nosotros mismos en su manera más esplendida. Cada uno ha sido diseñado por Dios para ser una bendición para los demás, de tal manera que asociando nuestros dones, talentos, carismas, personalidades, aptitudes y capacidades, tornemos en mejor al mundo entero.


Es lo más simple, lo que mejor haces y que te realiza hacer, aquello que precisamente transforma las tristezas en alegrías, las derrotas en victorias y la soledad en compañía fraterna. Basta con estar atentos a lo que se pueda ofrecer y hacer lo que Jesús nos ha mandado: “ámense como yo los he amado.”


Para que este mundo ya sea mucho mejor.

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