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Ahora sí, como lo hemos escuchado, iniciamos la lectura continuada del evangelio según San Lucas, como les habíamos comentado el domingo anterior, que nos llevará a las puertas de la cuaresma y que retomaremos después de la cincuentena pascual el próximo mes de junio.
Desde la misma introducción dirigida por el evangelista al ilustre “Teófilo” (amigo de Dios), San Lucas nos asegura su esfuerzo investigador para que conozcamos la verdad tal como ocurrió y como a ellos mismos se la transmitieron (seguramente para que nosotros también la transmitamos así: íntegramente católica).
Vemos que después de sufrir las tentaciones en el desierto, impulsado por el Espíritu, regresa a Galilea y, de pueblo en pueblo, en cada sinagoga enseñaba su doctrina de manera tan convincente que todos lo alaban y hablaban bien de Él, porque su fama se extiende rápidamente por toda la región.
La vista a Nazareth tiene aspectos especialmente interesantes: Jesús acostumbra asistir los sábados y tomar la iniciativa para leer la lectura (por cierto, quien desee pasar a leer la Palabra de Dios en nuestras asambleas diarias o dominicales, tan sólo tiene que presentarse con un poquito de anticipación, pedirle a los ministros encargados de la liturgia de esa celebración, repasar la lectura y hacerlo confiando en Dios, como un acto de alta dignidad). Noten que Jesús recibe un rollo, que desenrolla y encuentra un pasaje (que con toda intención quería leer); lo vuelve a enrollar y se sienta (lo que personalmente siempre me ha llamado la atención); atrapa la atención de los asistentes desde antes de iniciar la predicación (debió ser imponente verlo y arrasador, escucharlo decir:
“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”
Hermanos, la especial devoción por la Palabra de Dios, que vemos bellamente plasmada en la lectura que el sacerdote y escriba, Esdras, realiza de pie, un domingo del mes séptimo, cuando al regresar del destierro y reparando la destruida ciudad de Jerusalén, en un muro se encuentran, lo que de viva voz sus padres les contaron en Babilonia, la sagrada Escritura, nosotros lo tenemos todos los días, especialmente el Domingo.
Sobre Jesús está el Espíritu ungiéndolo para evangelizar a los pobres, liberar a los cautivos y oprimidos, curar las enfermedades y anunciar el tiempo de gracia.
Pues bien, Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de Cristo en la Iglesia. Con el favor de Dios que esto también se cumpla hoy.
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