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“Muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, se encuentra la salvación”; afirma el apóstol de los gentiles, en la segunda lectura de hoy.
El santo tiempo de la Cuaresma es un obsequio de nuestra Santa Madre la Iglesia para prepararnos, verdaderamente disponernos, acercarnos de ser completo, a la Salvación realizada por nuestro Señor en el suplicio del Calvario y que, en el memorial de su pasión, en cada Eucaristía nos ofrecemos, junto con Él, en un único sacrificio, agradable a Dios y favorable para la salvación de todo el mundo.
Siempre a nuestro alcance, aún, gracias a Dios, está la Salvación y los medios ordinarios por los que nos llegan, con frecuencia, las gracias sobrenaturales, como auxilios divinos para vivir, proclamando con la boca y creyendo de corazón entero, que Jesucristo, es el Hijo de Dios vivo, triunfador del pecado y de la muerte, quien se sienta glorioso a la diestra del Padre y es el Rey Supremo del Universo.
La Cuaresma nos recuerda, en su largo peregrinar, las fatigas implícitas en el caminar hacia la Patria Celestial y las presencias divinas en este peregrinar siempre elevantes de nuestra frágil condición. ¿Qué mejor ejemplo podemos tener del atrevimiento del “mal”? Pretender hacer tropezar a Jesús, en su íntima unión con Dios, es el colmo de todos sus irreverentes sacrilegios. “TENTAR AL HIJO DE DIOS” para hacerlo caer en pecado.
La santidad es lo opuesto en el ser al pecado. La santidad es la íntima unión con Dios, el pecado el no estar en esa íntima unión. La unión no es un simple acercamiento, una apariencia escénica..., sería como proclamar con la boca que Jesús es nuestro Señor (nuestro dueño) y en el recinto de nuestro corazón tener oculto otro “señor” (otro dueño). No se puede ser Santo y Pecador, puesto que resulta contradictorio: es algo así como... ser y no ser en el mismo sentido y bajo las mismas circunstancias.
¿Qué tan alcance del tentador estás? ¿Con qué frecuencia caes en sus embustes? ¿Eres ya de su presa favorita o ya, incluso, uno más de sus trofeos en su cuarto de armas?
Que esta Cuaresma nos conduzca a la evaluación de nuestra vida de santidad Y PODAMOS ENMENDAR EL CAMINO, CON LA GRACIAS DE DIOS pues somos de Cristo, su posesión más preciada y sólo Él es nuestro Dios y Señor, por los siglos de los siglos. AMÉN |